La cartelera que invitaba a caminar quince minutos
Colocaron una pizarra cerca de la salida con rutas breves y frases alegres. Cada vez que el reloj marcaba cambio de bloque, dos o tres salían a caminar y regresaban con mejillas rosadas. Al volver, tomaban agua, elegían su bocado preparado y reanudaban tareas con foco fresco. Nadie obligaba a nadie. La señal visual, cálida y divertida, bastó para que el movimiento antecediera al snack, afinando el apetito y mejorando el ánimo incluso en días de lluvia.